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Behemot invocador de tormentas
El Behemot invocador de tormentas es menos una criatura y más una fuerza errante de la naturaleza, de la que hablan en voz baja los nómadas del desierto y los guías de caravanas. Elevándose sobre las dunas como un acantilado en movimiento, su inmensa silueta está coronada por imponentes cuernos esculpidos por el viento que parecen vibrar suavemente cuando se acercan las tormentas. Su presencia es rara, pero nunca sutil.
Donde camina el Behemot invocador de tormentas, el cielo lo sigue.
Los viajeros que lo han avistado desde lejos suelen describir una extraña quietud que se instala en el desierto momentos antes de su llegada. El aire se vuelve denso, el viento cesa y entonces, casi como si respondiera a una orden silenciosa, las nubes comienzan a acumularse.
Los relámpagos recorren los cuernos del Behemot invocador de tormentas, describiendo arcos sobre su cabeza mientras avanza pesadamente, completamente indiferente al mundo que lo rodea.Y entonces llega la lluvia.
En una tierra donde el agua es más valiosa que el oro, el Behemot invocador de tormentas es venerado y temido a la vez. Tribus enteras siguen sus movimientos desde la distancia, con la esperanza de beneficiarse de las breves pero vitales tormentas que trae consigo. Sin embargo, acercarse demasiado es un riesgo peligroso. Las tormentas que invoca son salvajes e impredecibles, capaces de convertir dunas tranquilas en violentos torrentes en cuestión de segundos.
Curiosamente, el Behemot invocador de tormentas no parece beber ni alimentarse en el sentido convencional (al menos según se puede observar). Algunos estudiosos creen que las tormentas que crea son una forma de aliviar la presión que se acumula en su interior.
Otros afirman que es un antiguo guardián del desierto, que mantiene un delicado equilibrio que los mortales apenas pueden comprender. A pesar de su inmenso poder, la criatura no es agresiva. Rara vez reconoce a otros seres a menos que se la provoque, e incluso entonces, su respuesta es más ambiental que directa: vientos huracanados, lluvias cegadoras y truenos ensordecedores que convierten la supervivencia en el verdadero desafío. Presenciar un Behemot invocador de tormentas es presenciar cómo el desierto cobra vida. Es un momento que pocos olvidan, y aún menos se atreven a buscarlo dos veces.